Mighty Lion © forzadegro

El rey en casa

Este es un cuento original titulado «El rey en casa» de mi autoría. Espero sea de su agrado.


8:50 p.m. ¡Ah! Que cansado estoy.

Curiosa forma de actuar del pensamiento. Cuanto más cansado de pensar, mas cosas entran en mi mente… pero ya no tengo control sobre ellas. Una taza de café puede ayudarme.

Esa es una de las ventajas de trabajar en casa, poder tomar buen café, recién hecho y a mi gusto; la gran desventaja: debo trabajar más para pagar las cuentas. ¡En fin! Una cosa por otra.

Sin parar desde las 9 de la mañana… la espalda me está matando.

Doy un giro en mi silla de oficina tratando de reducir lo entumecido de mis extremidades y mi espalda. Puedo ver las cuatro paredes del pequeño cuarto que hace las veces de bodega y estudio. Dos grandes monitores frente a mi iluminan con un raro fulgor la habitación.

¡Rayos! Olvidé encender la luz. Mis ojos me lo agradecerán seguramente.

Escucho a Gaby cantar al otro lado del pasillo. ¡Ah! Es reconfortante saber que está aquí, esperando a que esta terrible adicción al trabajo me deje tiempo para ella. ¡Cuánto la quiero! Que rápido han pasado estos tres meses… ¡Demonios! Realmente debo estar enamorado. Apenas tres meses y ya vivimos juntos. ¡Que se le va a hacer! Seguiré dejando que la corriente me lleve ¿qué más podría pasar? ¿Casarme? ¡No bromees con eso!

Me levanto y estiro mis brazos y piernas tratando de recuperar el control sobre ellos.

Necesito ejercitarme. No debe ser sano pasar tanto tiempo sentado… Mañana empezaré… ¡esta vez lo prometo!

Veo la puerta de mi estudio – bodega abierta, la lámpara que ilumina el pasillo y las escaleras encendida. La puerta de mi estudio da a un pequeño pasillo de escasos dos metros hacia la derecha, y hacia la izquierda una escalera que conduce a la planta baja de mi casa. Al final del pasillo hacia la derecha, se encuentra la puerta de otra pieza que hemos habilitado como área de lavado. Claro que por lo pequeño del pasillo esa puerta está a menos de un metro frente a la puerta de mi estudio; ahí se encuentra Gaby, cantando mientras mete ropa en la lavadora… hoy es su turno.

Puedo ver el pasillo y la entrada del otro cuarto desde donde estoy porque una ventana frente a mí, y justo al lado de la puerta del estudio, me permite hacerlo.

Hacia abajo, a media escalera, se encuentra un descanso justo antes de girar a la derecha; en este descanso está la puerta de nuestra habitación. Terminando la escalera se llega al comedor y la cocina.

¡Hora del café! Creo que ya me puedo mover.

Salgo del estudio y volteo a la derecha para ver a Gaby antes de bajar. ¡Qué hermosa luce con esa pequeña camiseta! Difícilmente cubre sus glúteos. ¡Sabe que me encanta verla de esa forma, lo sabe y me provoca! Le envío un beso de lejos y ella reacciona como si realmente le hubiese besado.

 Voy abajo por una taza de café ¿Quieres una?

 No amor, tengo calor.

 De acuerdo. Ahora vuelvo.

Me dispongo a bajar las escaleras cuando escucho un ruido extraño. Creo que viene de la recámara. Pero ¿que podría sonar así en la recámara? Probablemente la televisión está encendida.

Apenas he pisado el primer escalón cuando veo una sombra proyectada en el piso y saliendo de mi habitación. Me quedo totalmente inmóvil esperando que la extraña sombra se materialice al asomar por la puerta. 1, 2, 3, 4, 5 segundos que son eternos. La sombra se extiende cada vez más hacia afuera pero no aparece su dueño… ¡un momento! Esa sombra no pertenece a persona alguna. Me congelo donde estoy. Creo que ni siquiera estoy respirando.

Estoy a punto de gritarle a Gaby, pero me detengo ¡un grito podría provocar algo! Decido esperar y ver de qué se trata, pero la espera es eterna. ¿Debo bajar y averiguarlo de una vez?

Decidido continuar, pero antes de pisar el siguiente escalón veo que la sombra vuelve a moverse hacia afuera… nuevamente me detengo y evito hacer cualquier ruido por pequeño que este sea. El temor comienza a ganar terreno mientras empiezo a retroceder muy lentamente, tan lentamente que no parece que me estuviese moviendo. Vuelvo a subir el escalón que ya había bajado, sin despegar la vista de la puerta de la recámara.

De repente, algo asoma en la parte inferior de la puerta ¡No es posible! Es u..u…na ¿garra? Mi respiración se acelera. ¿Estoy soñando? ¿Realmente estoy viendo una garra dd..e… león? ¡Dios mío! ¡Es un león! un león saliendo de mi cuarto.

El felino voltea y me mira fijamente a los ojos; se que está pensando en algo, pero no pienso averiguar de qué se trata…

 ¡Gaby cierra la puerta! ¡Rápido!

Solo eso puedo gritar. El león se dirige hacia mí subiendo rápidamente las escaleras. Me doy la vuelta tan rápido como puedo y entro al estudio azotando la puerta. Un paso más y estaría bajo sus garras. ¡Demonios! La puerta no ha cerrado bien. ¡Rápido! ¡Cierra, asegúrala! Me lanzo sobre ella justo cuando veo al león dirigir su garra hacia la entrada. La adrenalina hace lo suyo y logro asegurar la entrada antes de que sea tarde.

Me siento tremendamente agitado y un sudor helado recorre mi frente y espalda.

 ¿Qué está pasando? ¿Qué hace un león en mi casa? ¡Dios! No lo entiendo. ¿Gaby sabrá algo? ¡Gaby! Está sola en el cuarto de lavado. ¿Habrá escuchado mi advertencia? ¡Tengo que salir a ver!

Doy tres vueltas dentro de la pequeña habitación tratando de elaborar un plan de acción. Si salgo me arriesgo a ser atacado, si no, Gaby puede verse en peligro.

Me asomo con mucho cuidado por la pequeña ventana del estudio, agazapado tras la pared, tratando de encontrar con la vista al león. No se escucha ruido alguno; ni la respiración del animal; ni la voz de Gaby.

 Por favor Dios mío, que se encuentre bien.

No veo ni escucho al león. ¿Estará detrás de la puerta? Tengo que arriesgarme.

Busco dentro de mis herramientas, que siempre mantengo en mi estudio, algo que pueda hacer las veces de un espejo.

 ¡El baño!  Recuerdo que en el baño mantengo colgado un pequeño espejo. Rápidamente lo tomo. Con mucha precaución lo extiendo hacia afuera de la ventana para tener un mejor Angulo de visión y estar más protegido. ¡No puedo ver al león!

 ¿Dónde estás?

Con un poco más de confianza me levanto ligeramente  y trato de ver hacia la puerta del cuarto de lavado.

La puerta está abierta – ¡Oh Dios! – Temo lo peor.

Es hora de salir… y no hay otra salida. Muy lentamente, abro la puerta del estudio, del modo más silencioso que puedo. Primero una pequeña rendija y verifico… ¡nada! Un poco mas y vuelvo a revisar que no haya peligro. Repito el procedimiento tres veces más, hasta que la puerta está lo suficientemente abierta como para que mi cuerpo completo quepa en ese espacio. Respiro profundamente tratando de encontrar un poco de valor en algún lugar dentro de mí… y salgo.

Hasta ahora no hay rastros del león. Rápidamente me dirijo a la puerta del otro cuarto para buscar a Gaby. Tres zancadas y ya estoy ahí. Un susurro.

 ¿Gaby? ¿Gaby dónde estás?

No hay respuesta y la habitación está totalmente oscura. ¿Entro? La duda se apodera de mí unos instantes. Tengo miedo de lo que me espera en esa oscuridad, pero no puedo pensar siquiera en abandonar a Gaby.

Deslizo mi mano por la pared tratando de encontrar el interruptor de la luz. Sé que está en algún lugar cerca de la entrada. Por fin lo encuentro y lo activo… ¡nada! La luz no enciende…

Nuevamente el sudor frío me baña, mientras evito hacer ruido con mi respiración cada vez mas descontrolada. Mi cabeza da vueltas y vueltas tratando de encontrar una solución, pero sé que no hay alternativa.

Abro la puerta completamente esperando que la luz del pasillo ilumine un poco el interior.

 Esto es mejor que nada – pienso.

Un resplandor muy tenue baña el interior de la habitación, gracias a la luz del pasillo. – Por ahora esto tendrá que bastar.

Entro cuidadosamente pegado a la pared y casi a gatas para ser lo más silencioso posible. Esfuerzo mi vista al máximo tratando de encontrar a Gaby. Recorro la habitación siempre pegado a la pared, rodeando el centro.

Cuando llego al lugar donde está la máquina de lavado y la secadora, una junto a otra, noto una sombra entre ambas. Contengo mi respiración tratando de enfocar lo mejor posible mis ojos con tan poca luz. Veo… ¡los pies de Gaby! Esta encogida entre las dos maquinas con sus manos rodeando sus piernas.

Me acerco y muy suavemente la toco tratando de no provocar una reacción de pánico en ella, pero no se mueve.

 Dios mío…

Me acerco a ella tanto como puedo tratando de comprobar si aún respira – por favor que respire.

No siento su pulso ni escucho su respiración. Con la poca luz que hay me cuesta mucho distinguir su cara y sus ojos, pero lo intento. Al fin puedo ver su cara y veo que… ¡me mira fijamente! ¿Qué sucede?

 Gaby… ¿Qué pasa?  No responde…

No siento su pulso ni su respiración pero de alguna forma sé que aún vive. Con los ojos fijos en mí parece tratar de decir algo, pero sin hablar.

De repente, puedo escuchar un leve susurro saliendo de sus labios: – ¡voltea!

  ¿Qué? ¿Dijo que volteara?

Un escalofrío recorre toda mi columna vertebral y el vello de la nuca se eriza cuando escucho un pequeño gruñido felino tras de mí. Volteo tan rápido como puedo y en la penumbra puedo distinguir…  su rostro frente al mío…

 ¡Señor no me abandones!…

FIN.


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Foto destacada: Mighty Lion © forzadagro.

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