El Mago, de John Fowles

El Mago, de John Fowles

Un libro extenso en ideas y contenido. El Mago de John Fowles narra, principalmente, la estancia en Grecia de Nicholas, un joven maestro inglés que se autoexilia a la isla de Phraxos en un intento por huir de una Inglaterra detestada. Durante su estancia en la isla, Nicholas conoce a un extraño personaje, misterioso incluso para los mismos habitantes de Phraxos, llamado Maurice Conchis, y a partir de ese momento su vida sufre un cambio radical, en parte gracias a los juegos psicológicos que Conchis le hace sufir, pero aun más debido a su propia personalidad masoquista y un tanto esquizofrénica.

Numerosos personajes pueblan esta historia, muy bien escrita, y se entrelazan al rededor de las experiencias de Nicholas; todos ellos relacionados de una u otra forma con las desventuras de nuestro desesperante —y generalmente inocente— protagonista. Cargado de sexualidad y misterio —misterioso erotismo que se respira en el ambiente que hábilmente nos dibuja Fowles—, El Mago nos regala un mundo pintado en una época dónde cuestiones como la libertad sexual, la fidelidad y la experiencia del propio yo, mantenían una especial relevancia en la evolución social. A veces categorizado como una novela de fantasía, otras como thriller psicológico, este libro centra su interés en los juegos mentales —o el juego divino, como lo llama Conchis y su grupo— destinados a destruir las convicciones personales de Nicholas para mostrarle la verdadera libertad.

Aunque el objetivo principal de Conchis —y en parte del mismo Fowles— es mostrarnos que en realidad la libertada absoluta es una falacia, desde mi personal punto de vista, el libro no logra mostrarnos un verdadero cambio en el personaje principal. Al empezar a tomar parte de la trama, como lector, especialmente después de la primera mitad del libro, se espera que en el cenit del relato Nicholas experimente una catarsis que le lleve más allá de él mismo, justificando el por qué de los juegos (o experimentos) y revelando la verdadera razón de todo este traumático proceso. Es una lástima terminar con un personaje igualmente ambiguo, e igualmente inocente; una y otra vez víctima incansable del mismo juego, y un final a ratos insatisfactorio y a veces incomprensible desde el punto de vista dramático.

No por esto, El Mago deja de ser un gran libro, aunque es necesario estar preparado para adentrarse, al principio, muy lentamente y al final terminar compartiendo la misma esquizofrenia y el delirio de Nicholas.

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